Cada año se matan millones de animales con el único objetivo de utilizar su piel para hacer abrigos y accesorios.

La inmensa mayoría pasan su corta vida enjaulados. En los métodos de sacrifico la prioridad es que la piel no sea dañada, por lo que se emplean sistemas como la electrocución, estrangulación, asfixia… la piel es arrancada en muchas ocasiones cuando el animal todavía no ha muerto.

 

El strés que les provoca el encierro provoca que algunos animales se nieguen a comer o practiquen comportamientos compulsivos, como roerse su propio rabo, patas e incluso llegar al canibalismo.

Sus patas no se adaptan a caminar por la malla metálica, por lo que sufren de lesiones y dolores permanentes, que no serán aliviadas por ningún tratamiento veterinario.

El hedor de sus propios excrementos y de sus compañeros se les hace insoportable. Las jaulas están preparadas para que las defecaciones pasen a través de la rejilla de la malla metálica, al igual que la comida, consistente en la mayoría de las ocasiones en una pasta nauseabunda.

 

Todo está pensado para obtener el máximo beneficio con el mínimo de gastos.

 

Cada uno con su piel es una campaña indefinida para Galicia, la comunidad con mayor número de granjas peleteras. Mediante mesas informativas, recogidas de firmas y actos delante de las tiendas y almacenes peleteros se pretende concienciar y sensibilizar a la población acerca de los 50 millones de muertes que supone la industria peletera cada año